Tengo “recuerdos” de estar sentado en mi cuarto moviendo cosas (mi cartera, el celular, etc.) pero todo pasa en un ambiente entre la realidad y el sueño, vamos, estoy consciente de estar haciendo las cosas pero no dejo de hacerlas. Así las cosas he escrito cosas sin sentido alguno, he sacado dinero de mi cartera y lo he puesto en cajones, he prendido el radio o sacado un libro de los estantes.
Esto viene a colación porque desde el domingo no encuentro mis lentes (los que me pongo cuando me quito los de contacto) y el control de mi DVD apareció en el cajón de las sabanas de mi cama. Si a esto aunamos mi afición por algunas series de TV, que descubrí cuando las empezaron a pasar por tele abierta, queda perfectamente explicado que me preocupe usar mis pocas horas de descanso en hacer pendejadas y luego tenerme que acordar de ellas al día siguiente.
En vía de mientras ya compre la segunda temporada de Ghost Whisperer, Bones, las tres de Dr. House, y ya deje encargada la más reciente de La ley y el Orden, con ello espero ganar una hora de sueño cuatro veces por semana, ya solo me falta quitarme el gusto por escuchar a Elvira las madrugadas del viernes. La pregunta es ¿Qué saldrá más barato, comprarme una camisa de fuerza para dormir y ya no hacer pendejadas o ir al médico?











