En más de una ocasión los hermanos se habían quejado del padre de Verónica, por haber dejado que el negocio se fuera por el garete, porque malmodeaba a los abuelos, por desinteresado, sin embargo esa noche demostró ser más útil que su esposa.
El viaje de vuelta al DF para los hermanos fue un suplicio, al llegar al hospital la sorpresa del diagnóstico fue brutal, infarto al cerebelo, afortunadamente había llegado a tiempo al hospital, sin embargo los estudios demostraban que no era el primero, el evento se había presentado al menos dos veces con anterioridad.
Después de esa demostración de falta de compromiso por parte de la madre de Verónica, los hermanos decidieron que serían ellos quienes estarían al pendiente de los abuelos, llamándolos a diario, llevándolos al médico y visitándolos tanto como fuera posible. No se habían dado cuenta, pero desde hacía un tiempo eran ellos quienes cumplían las obligaciones de la hermana, era ella quien debía llevarlos al médico y a estudios, realmente era el hermano mayor quien lo hacía, los otros dos llamaban continuamente y aportaban para pagar.
Hace dos semanas se reunieron en casa de los abuelos, por el día de las madres, estaban dos de los hermanos con sus familias, la hermana, Verónica y sus tres hijos, había un acuerdo tácito, no podía haber desaguisados. Alrededor de las 5 de la tarde Verónica se despidió, sin embargo solo se llevó a su segunda hija, el mayor y la menor se quedaron con su madre. Los hermanos suponían que eso sucedía a menudo y les molestaba, porque eso implicaba que también la abuela ayudaba a cuidarlos, y ya no esta para esos trotes.
A las 7:30 sonó el teléfono, era Verónica, habló con su madre, una frase definió perfectamente la situación, “si habla le voy a decir en donde estas y que te llevaste a la niña”, era obvio, Verónica se había largado a otro lado, quería que su madre la encubriera con su marido. La idea de otro hombre, otro hijo y el abandono por parte del marido cornudo, hizo que un hermano y su hijo, que estaban cerca del teléfono, se estremecieran, merced de un escalofrío.
FIN











